Presión en mi garganta que amenaza con cerrar mis vías respiratorias.
Con cortar el flujo de gases hacia mis pulmones, impidiendo la transferencia de oxígeno y dióxido de carbono en los alveolos pulmonares.
Dolor estrangulante en el pecho, zona superior izquierda, como si mis carótidas se hubieran comprimido y hicieran que el corazón se encogiera, acurrucándose en el pericardio, buscando el frío entre el asfixiante calor que se da en mi cavidad torácica.
Arterias contraídas a la altura de mis sienes que cierran el paso de sangre al cerebro, produciendo un incipiente dolor de cabeza que amenaza con no dejar que mañana asista a mis clases.
Ojos hinchados, párpados contraídos, alta concentración sanguínea en mis globos oculares.
Lacrimales al máximo de potencia.
Visión parcialmente nublada por la interferencia del líquido acuoso que destilan.
Es tan fácil describir los síntomas de la tristeza...
Y tan difícil describir la tristeza en sí...
Sobretodo cuando la misma se halla mezclada con dolor, enfado y rabia.
Mi corazón me pide la baja por incapacidad, dice que no aguanta más estocadas por la espalda, más ataques contra su pobre estructura...
Y ahora, ¿qué hago?
jueves, 23 de septiembre de 2010
Tic Tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Sin parar, sin parar.
Mundo que gira y gira, como si fuera un tiovivo que nunca se cansa, que nunca para.
Acuerdos cambiados, mutados para hacer que yo tenga que cambiar mi parte mala y tu puedas mantener tu tiranía.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Páginas que se pasan, frases que se escurren, palabras que se deslizan, letras unidas unas a otras en una gigantesca danza compleja y aleatoria, que de tan difícil que es, se torna fácil para nosotros.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
¿Para qué decir gracias cuando puedes morder a aquel que te ayuda?
¿Para qué ser agradecido?
Y una vez lo has echo, ¿para qué pedir una cosa si puedes obligar al otro a hacerla, o hacerle ver que el problema es él si no lo hace?
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Pero el mundo gira, gira, sin descanso, y ahí está el fallo en tu ecuación.
Has olvidado lo malo de dar vueltas en círculos, que siempre vuelves al punto de partida...
No creces, no mejoras, no evolucionas...
Y siento decirte que la Naturaleza elimina a todo aquel que no evoluciona...
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Ahora el tiempo corre en tu contra.
Tratas de huir, pero... ¿cómo huir de algo que es tan poderoso como la Naturaleza?
Ah, no, no cuentes con mi ayuda para ello...
Sin parar, sin parar.
Mundo que gira y gira, como si fuera un tiovivo que nunca se cansa, que nunca para.
Acuerdos cambiados, mutados para hacer que yo tenga que cambiar mi parte mala y tu puedas mantener tu tiranía.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Páginas que se pasan, frases que se escurren, palabras que se deslizan, letras unidas unas a otras en una gigantesca danza compleja y aleatoria, que de tan difícil que es, se torna fácil para nosotros.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
¿Para qué decir gracias cuando puedes morder a aquel que te ayuda?
¿Para qué ser agradecido?
Y una vez lo has echo, ¿para qué pedir una cosa si puedes obligar al otro a hacerla, o hacerle ver que el problema es él si no lo hace?
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Pero el mundo gira, gira, sin descanso, y ahí está el fallo en tu ecuación.
Has olvidado lo malo de dar vueltas en círculos, que siempre vuelves al punto de partida...
No creces, no mejoras, no evolucionas...
Y siento decirte que la Naturaleza elimina a todo aquel que no evoluciona...
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Ahora el tiempo corre en tu contra.
Tratas de huir, pero... ¿cómo huir de algo que es tan poderoso como la Naturaleza?
Ah, no, no cuentes con mi ayuda para ello...
viernes, 3 de septiembre de 2010
Números pasados por alcohol.
Mente difusa y soñadora.
Síndrome de abstinencia de amor.
Me cago, ¡otra cerveza, por favor!
No voy a ser responsable. Estoy harta de ser responsable, de cuidarme y cuidar de los demás.
Esta noche es mía.
-¿Cuántas copas llevas?
-No lo sé. Hace un par de horas que no sé contar...
La luz se dibuja en la habitación, abriéndose paso entre las persianas.
Extraño, sol.
Abro un ojo. Me maravillo con la estampa de mi habitación blanca marcada por las negras líneas.
Un golpe por dentro en mi cabeza.
Es mi conciencia, que me reniega por la fiesta de anoche.
-¿Te lo pasaste bien, eh?
-Buf, y que lo digas.
¿Qué hago en el lado derecho de la cama? Siempre duermo en el izquierdo...
Giro la cabeza. Por poco choco contra otra cabeza.
- ¿Y este quién es?
- A mí que me dices, ¡yo estaba dormida! ¡Me dormiste a cervezas!
- Cierto... Es guapo, ¿eh?
- Hombre, la verdad es que sí...
Me recuesto sobre el lado izquierdo de mi cuerpo. Me arrebujo en las sábanas. Me acerco a su cuerpo.
- Huele bien.
- No llevas ropa.
- Cierto. Él tampoco. Eso es un empate.
- Cierto.
Le miro dormir. Las cejas marcan unos ojos grandes, con una nariz recta que dirige la mirada hacia unos labios carnosos. Su ceño se frunce y se remueve incómodo.
Su mano izquierda roza mi cuerpo. Me atrae con un potente tirón.
- El chico está fuerte...
- Sigues sin llevar ropa. Él tampoco. No sabes quién es él. Acabas de verlo por primera vez.
Ignoro esa vocecilla pesada. Alargo la mano y le retiro un mechón de pelo oscuro de la cara.
- Se va a despertar...
-¿Cómo lo sabes?
-¿Sigues tan borracha que no lo notas?
- ¡Coño, sí!
Cierro los ojos y me apretujo contra ti, cobijándome en tu abrazo protector...
Mente difusa y soñadora.
Síndrome de abstinencia de amor.
Me cago, ¡otra cerveza, por favor!
No voy a ser responsable. Estoy harta de ser responsable, de cuidarme y cuidar de los demás.
Esta noche es mía.
-¿Cuántas copas llevas?
-No lo sé. Hace un par de horas que no sé contar...
La luz se dibuja en la habitación, abriéndose paso entre las persianas.
Extraño, sol.
Abro un ojo. Me maravillo con la estampa de mi habitación blanca marcada por las negras líneas.
Un golpe por dentro en mi cabeza.
Es mi conciencia, que me reniega por la fiesta de anoche.
-¿Te lo pasaste bien, eh?
-Buf, y que lo digas.
¿Qué hago en el lado derecho de la cama? Siempre duermo en el izquierdo...
Giro la cabeza. Por poco choco contra otra cabeza.
- ¿Y este quién es?
- A mí que me dices, ¡yo estaba dormida! ¡Me dormiste a cervezas!
- Cierto... Es guapo, ¿eh?
- Hombre, la verdad es que sí...
Me recuesto sobre el lado izquierdo de mi cuerpo. Me arrebujo en las sábanas. Me acerco a su cuerpo.
- Huele bien.
- No llevas ropa.
- Cierto. Él tampoco. Eso es un empate.
- Cierto.
Le miro dormir. Las cejas marcan unos ojos grandes, con una nariz recta que dirige la mirada hacia unos labios carnosos. Su ceño se frunce y se remueve incómodo.
Su mano izquierda roza mi cuerpo. Me atrae con un potente tirón.
- El chico está fuerte...
- Sigues sin llevar ropa. Él tampoco. No sabes quién es él. Acabas de verlo por primera vez.
Ignoro esa vocecilla pesada. Alargo la mano y le retiro un mechón de pelo oscuro de la cara.
- Se va a despertar...
-¿Cómo lo sabes?
-¿Sigues tan borracha que no lo notas?
- ¡Coño, sí!
Cierro los ojos y me apretujo contra ti, cobijándome en tu abrazo protector...
jueves, 26 de agosto de 2010
Picor en los ojos.
Cosquilleo en los dedos.
Fin de mis reflexiones con sentido por hoy.
Dejándome llevar por la fiebre, que consume con su calor frío todo lo que alcanzan sus azules llamas.
Cuando la salvación ya no parece llegar de arriba.
Cuando traduces a tu propia lengua.
Cuando las palabras dejan de tener un orden específico y se convierten únicamente en piezas de un tablero de ajedrez, que se pueden mover, al parecer a su antojo, pero que en el fondo están guiadas por cientos de pequeñas reglas y matices.
Porque ya se sabe que no es lo mismo un hombre justo que justo un hombre.
Y si fijas tu mirada en las flores del papel pintado que recubre la pared que se alza frente a tus ojos, no vas a encontrar un guión para tratar de llegar a buen puerto.
Son solo flores, ¿qué esperabas?
Miras por la ventana, tratando de que las estrellas sean quienes guíen tus pasos, dejando en sus manos la árdua tarea de marcarte el rumbo correcto.
Pero no, fuera está nublado. Llueve.
El pavimento, negro y rugoso está empapado por la constante lluvia.
Los tejados de las casas parecen estar disfrutando de la ducha, pero no como quien la toma por voluntad propia, sino como aquel que sabe que no tiene más remedio y decide encontrar las cosas buenas entre las cosas malas.
Y yo tampoco lo tengo.
Simplemente puedo elegir si quiero mojarme ahora o prefiero mojarme luego.
Sábanas empapadas que se arremolinan a los lados de tu cuerpo, tratando de atraparte en un abrazo feroz.
Y tu no te resistes. Tiemblas, tienes frío, pero tu piel sigue sudando...
Tu cabeza lleva palpitando tantas horas que ya no recuerdas cuándo empezó a hacerlo.
Miras el reloj.
Es mucho más tarde de lo que deberías. Las tres de la mañana debería ser una hora que no se pudiera ver en el reloj.
Nadie debería ver las tres de la mañana. Ni las cuatro. Ni probablemente las cinco. Las seis sólo si ayer te acostaste sólo y pronto.
Pero espera, es viernes.
Los viernes todo se vale, todo está permitido.
¡Sueña! Es viernes.
Aunque esté recién estrenado...
Cosquilleo en los dedos.
Fin de mis reflexiones con sentido por hoy.
Dejándome llevar por la fiebre, que consume con su calor frío todo lo que alcanzan sus azules llamas.
Cuando la salvación ya no parece llegar de arriba.
Cuando traduces a tu propia lengua.
Cuando las palabras dejan de tener un orden específico y se convierten únicamente en piezas de un tablero de ajedrez, que se pueden mover, al parecer a su antojo, pero que en el fondo están guiadas por cientos de pequeñas reglas y matices.
Porque ya se sabe que no es lo mismo un hombre justo que justo un hombre.
Y si fijas tu mirada en las flores del papel pintado que recubre la pared que se alza frente a tus ojos, no vas a encontrar un guión para tratar de llegar a buen puerto.
Son solo flores, ¿qué esperabas?
Miras por la ventana, tratando de que las estrellas sean quienes guíen tus pasos, dejando en sus manos la árdua tarea de marcarte el rumbo correcto.
Pero no, fuera está nublado. Llueve.
El pavimento, negro y rugoso está empapado por la constante lluvia.
Los tejados de las casas parecen estar disfrutando de la ducha, pero no como quien la toma por voluntad propia, sino como aquel que sabe que no tiene más remedio y decide encontrar las cosas buenas entre las cosas malas.
Y yo tampoco lo tengo.
Simplemente puedo elegir si quiero mojarme ahora o prefiero mojarme luego.
Sábanas empapadas que se arremolinan a los lados de tu cuerpo, tratando de atraparte en un abrazo feroz.
Y tu no te resistes. Tiemblas, tienes frío, pero tu piel sigue sudando...
Tu cabeza lleva palpitando tantas horas que ya no recuerdas cuándo empezó a hacerlo.
Miras el reloj.
Es mucho más tarde de lo que deberías. Las tres de la mañana debería ser una hora que no se pudiera ver en el reloj.
Nadie debería ver las tres de la mañana. Ni las cuatro. Ni probablemente las cinco. Las seis sólo si ayer te acostaste sólo y pronto.
Pero espera, es viernes.
Los viernes todo se vale, todo está permitido.
¡Sueña! Es viernes.
Aunque esté recién estrenado...
miércoles, 14 de julio de 2010
- Estoy cansada.
- ¿De qué?
- De todo. De vivir.
Le miró por encima del café humeante que sostenía.
- ¿Debería preocuparme?
- No. No voy a tirarme por un puente.
Él asintió en silencio. Sabía que ella necesitaba tiempo, aclarar sus ideas, reiniciarse y seguir adelante. Dio un ligero sorbo al cafe, abrasándose la lengua en el proceso, pero sin dar muestras de ello. Se recostó en el respaldo de la incómoda silla y miró a la chica que tenía delante.
Ella, ajena al escrutinio, continuaba con la mirada fija en las muescas del parquet del suelo de la cafetería. Sus manos estaban entrelazadas a un lado de la cara, y uno de sus dedos jugueteaba con las gafas de sol que sujetaban sus cabellos caoba.
- Huir no es la solución a los problemas. - susurró él, varios tonos de voz más bajos de lo normal, pero consciente de que ella le había oído.
- Lo sé - contestó ella en el mismo tono de voz, mientras sus manos viajaban hasta la mesa - Pero necesito alejarme del asunto para verlo con perspectiva, analizarlo tranquilamente y ponerle solución. Y sabes que eso no puedo hacerlo ahora.
Él asintió, al tiempo que se incorporaba para alcanzar una de las manos con las que Liza jugueteaba con una servilleta. Era consciente de la presión a la que estaba sometida ella.
Liza levantó los ojos del parquet y los clavó en las grises pupilas de su compañero de mesa. Como siempre, quedó atrapada por ellos, pero no lo dejó ver. Era lo último que necesitaba, perder a nadie más.
- ¿Has hablado con Matt? - preguntó con cautela Ted. Sabía que aquel era un tema espinoso, que podía hacerle mucho daño, pero tenía que saber si el imbécil del ex novio de Liza era la causa de su comportamiento errático de las últimas semanas.
Liza suspiró y asintió con la cabeza, devolviendo su mirada al suelo.
- No me dijo nada especial. - murmuró. - Sólo quiso saber cómo me estaba tratando la vida. Me inventé un montón de mentiras sobre lo estupenda que es, finjí estar ocupada y le colgué. Esto no es por él, Ted.
Éste asintió y decidió dejarlo correr. Le dió otro sorbo al café y volvió a recostarse en la silla.
- ¿De qué?
- De todo. De vivir.
Le miró por encima del café humeante que sostenía.
- ¿Debería preocuparme?
- No. No voy a tirarme por un puente.
Él asintió en silencio. Sabía que ella necesitaba tiempo, aclarar sus ideas, reiniciarse y seguir adelante. Dio un ligero sorbo al cafe, abrasándose la lengua en el proceso, pero sin dar muestras de ello. Se recostó en el respaldo de la incómoda silla y miró a la chica que tenía delante.
Ella, ajena al escrutinio, continuaba con la mirada fija en las muescas del parquet del suelo de la cafetería. Sus manos estaban entrelazadas a un lado de la cara, y uno de sus dedos jugueteaba con las gafas de sol que sujetaban sus cabellos caoba.
- Huir no es la solución a los problemas. - susurró él, varios tonos de voz más bajos de lo normal, pero consciente de que ella le había oído.
- Lo sé - contestó ella en el mismo tono de voz, mientras sus manos viajaban hasta la mesa - Pero necesito alejarme del asunto para verlo con perspectiva, analizarlo tranquilamente y ponerle solución. Y sabes que eso no puedo hacerlo ahora.
Él asintió, al tiempo que se incorporaba para alcanzar una de las manos con las que Liza jugueteaba con una servilleta. Era consciente de la presión a la que estaba sometida ella.
Liza levantó los ojos del parquet y los clavó en las grises pupilas de su compañero de mesa. Como siempre, quedó atrapada por ellos, pero no lo dejó ver. Era lo último que necesitaba, perder a nadie más.
- ¿Has hablado con Matt? - preguntó con cautela Ted. Sabía que aquel era un tema espinoso, que podía hacerle mucho daño, pero tenía que saber si el imbécil del ex novio de Liza era la causa de su comportamiento errático de las últimas semanas.
Liza suspiró y asintió con la cabeza, devolviendo su mirada al suelo.
- No me dijo nada especial. - murmuró. - Sólo quiso saber cómo me estaba tratando la vida. Me inventé un montón de mentiras sobre lo estupenda que es, finjí estar ocupada y le colgué. Esto no es por él, Ted.
Éste asintió y decidió dejarlo correr. Le dió otro sorbo al café y volvió a recostarse en la silla.
jueves, 8 de julio de 2010
Porque, porque, porque...
Porque hoy estoy algo cabreada.
Porque me he cansado de seguir andando un camino que no sé seguro si me vale la pena.
Porque tengo que arreglar una casa de 80 metros cuadrados llena de trastos yo sola.
Porque hace más calor que follando debajo de un plástico.
Porque esta noche vienen a cenar unos amigos y no se ni qué narices les voy a dar de cenar.
Porque se ha muerto esta noche de muerte súbita una gran persona, alguien que estuvo a mi lado desde la más tierna infancia.
Porque mi madre vuelve hoy de viaje de Edimburgh, no sé a qué hora, y la casa sigue patas arriba.
Porque en mis oídos resuenan los compases de "You could be mine" y me acuerdo de ti.
Porque es tu cumpleaños.
Porque no tengo tiempo para lo que y los que quiero.
Porque mi mejor amiga de la universidad me dejó ayer colgada en medio de una fiesta, a la que yo había ido por ella, y en la que las dos únicas tías que había por allí eramos ella y yo y me quedé completamente fuera de lugar, rodeada de tíos a los que no conocía de nada porque eran amigos del novio de mi amiga, subida a unos taconazos, espantando borrachos y discutiendo sobre política y lengua.
Porque he dormido cinco horas y llevo casi tres arreglando la casa para que siga teniendo el mismo deplorable aspecto.
Porque me has cambiado por otra.
Porque estás lejos.
Porque me voy a Londres en menos de una semana y aún no he comprado el viaje de avión.
Porque llevo sin relajarme tanto tiempo que no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice.
Porque he perdido, gracias a la intervención de mi querida madre, la mitad de la historia que llevaba escrita.
Porque no tengo ganas de verlo todo negro.
Porque estamos en la final.
Porque me siento española.
Porque tengo ganas de vivir el día de hoy.
Porque a pesar del cansancio, tengo los ojos vivos, y con ganas de recibir información de todas partes.
Porque el Red Bull hace milagros.
Porque la lavadora está a punto de acabar.
Porque cuando llegue mi amiga, se va a ver la casa hiper recogida y se va a sentir algo culpable.
Porque cuando llegue mi madre y lo vea todo perfecto, va a tener que cerrar su boquita y aceptar que lo he hecho genial.
Porque la música estridente resuena en mis oídos, y me da la fuerza que necesito para levantar el culo del sillón y empezar a construir un buen día.
Porque tengo ganas de hacer deporte.
Porque tengo ganas de sonreírle al mundo.
Porque mañana empieza hoy.
Porque tengo ganas de salir esta noche y encontrar a alguien que llene tu vacío.
Porque ojos que no ven... mierda que chafas.
Y porque sí.
¡¡Adelante a por el día de hoy!!
Porque me he cansado de seguir andando un camino que no sé seguro si me vale la pena.
Porque tengo que arreglar una casa de 80 metros cuadrados llena de trastos yo sola.
Porque hace más calor que follando debajo de un plástico.
Porque esta noche vienen a cenar unos amigos y no se ni qué narices les voy a dar de cenar.
Porque se ha muerto esta noche de muerte súbita una gran persona, alguien que estuvo a mi lado desde la más tierna infancia.
Porque mi madre vuelve hoy de viaje de Edimburgh, no sé a qué hora, y la casa sigue patas arriba.
Porque en mis oídos resuenan los compases de "You could be mine" y me acuerdo de ti.
Porque es tu cumpleaños.
Porque no tengo tiempo para lo que y los que quiero.
Porque mi mejor amiga de la universidad me dejó ayer colgada en medio de una fiesta, a la que yo había ido por ella, y en la que las dos únicas tías que había por allí eramos ella y yo y me quedé completamente fuera de lugar, rodeada de tíos a los que no conocía de nada porque eran amigos del novio de mi amiga, subida a unos taconazos, espantando borrachos y discutiendo sobre política y lengua.
Porque he dormido cinco horas y llevo casi tres arreglando la casa para que siga teniendo el mismo deplorable aspecto.
Porque me has cambiado por otra.
Porque estás lejos.
Porque me voy a Londres en menos de una semana y aún no he comprado el viaje de avión.
Porque llevo sin relajarme tanto tiempo que no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice.
Porque he perdido, gracias a la intervención de mi querida madre, la mitad de la historia que llevaba escrita.
Porque no tengo ganas de verlo todo negro.
Porque estamos en la final.
Porque me siento española.
Porque tengo ganas de vivir el día de hoy.
Porque a pesar del cansancio, tengo los ojos vivos, y con ganas de recibir información de todas partes.
Porque el Red Bull hace milagros.
Porque la lavadora está a punto de acabar.
Porque cuando llegue mi amiga, se va a ver la casa hiper recogida y se va a sentir algo culpable.
Porque cuando llegue mi madre y lo vea todo perfecto, va a tener que cerrar su boquita y aceptar que lo he hecho genial.
Porque la música estridente resuena en mis oídos, y me da la fuerza que necesito para levantar el culo del sillón y empezar a construir un buen día.
Porque tengo ganas de hacer deporte.
Porque tengo ganas de sonreírle al mundo.
Porque mañana empieza hoy.
Porque tengo ganas de salir esta noche y encontrar a alguien que llene tu vacío.
Porque ojos que no ven... mierda que chafas.
Y porque sí.
¡¡Adelante a por el día de hoy!!
jueves, 1 de julio de 2010
¡Ay! La burocracia...
Nadie quiere organizar las cosas y cuando las organizas tú, siempre hay algún listillo que se opone y opina que él podría haberlo logrado con mejores resultados y menor esfuerzo...
Simplemente atroz, señores.
Si crees que eres capaz de salir victorioso de una batalla, ayuda a aquel que ves que no puede con ello...
Y si crees que realmente es importante lograr que las cosas salgan bien en esa empresa, no pongas más pegas de las que la vida ya le pone...
Últimamente me siento engañada por tanta gente...
Aquellos que me dijeron que me querían y me olvidaron tan rápido que ni vi venir su huida.
Aquellos en los que siempre piensas, en los que confías, y que no son capaces de avisar cuando la vida se les tuerce y les impide llegar a una cita concreta.
Aquellos, estúpidos y banales, que fingen tratar de lograr la felicidad por medio de tu ayuda, pero que en realidad lo único que buscan es que tú hagas todo el trabajo duro...
Son tantos golpes recibidos en un mismo punto, que las moraduras se confunden con el tono de mi piel...
Son tantas las lágrimas derramadas sobre este folio que las letras se funden unas con otras, la tinta escapa de la superficie secante y el papel se ondula bajo el peso de la pena...
Y encima te siento lejos, siento que no puedo contar contigo, que ya no sé dónde estás, ni si volverás ni si estuviste aquí un día...
Y me hundo, poco a poco, en un mar de aguas espesas, oscuras y pegajosas que se adhieren a mi piel y que tiran hacia el fondo, a un lugar oscuro y triste del que no sepa cómo salir...
Y a mi alrededor, todo lleno de dulces parejitas, miradas soñadoras, gente sonriente que alcanza sus metas...
¡Ay! La vida, que injusta y dura es...
Nadie quiere organizar las cosas y cuando las organizas tú, siempre hay algún listillo que se opone y opina que él podría haberlo logrado con mejores resultados y menor esfuerzo...
Simplemente atroz, señores.
Si crees que eres capaz de salir victorioso de una batalla, ayuda a aquel que ves que no puede con ello...
Y si crees que realmente es importante lograr que las cosas salgan bien en esa empresa, no pongas más pegas de las que la vida ya le pone...
Últimamente me siento engañada por tanta gente...
Aquellos que me dijeron que me querían y me olvidaron tan rápido que ni vi venir su huida.
Aquellos en los que siempre piensas, en los que confías, y que no son capaces de avisar cuando la vida se les tuerce y les impide llegar a una cita concreta.
Aquellos, estúpidos y banales, que fingen tratar de lograr la felicidad por medio de tu ayuda, pero que en realidad lo único que buscan es que tú hagas todo el trabajo duro...
Son tantos golpes recibidos en un mismo punto, que las moraduras se confunden con el tono de mi piel...
Son tantas las lágrimas derramadas sobre este folio que las letras se funden unas con otras, la tinta escapa de la superficie secante y el papel se ondula bajo el peso de la pena...
Y encima te siento lejos, siento que no puedo contar contigo, que ya no sé dónde estás, ni si volverás ni si estuviste aquí un día...
Y me hundo, poco a poco, en un mar de aguas espesas, oscuras y pegajosas que se adhieren a mi piel y que tiran hacia el fondo, a un lugar oscuro y triste del que no sepa cómo salir...
Y a mi alrededor, todo lleno de dulces parejitas, miradas soñadoras, gente sonriente que alcanza sus metas...
¡Ay! La vida, que injusta y dura es...
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